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Modern Families


Mi madre siempre dice: «Cuando te casas con alguien, te casas con su familia, así que elige bien con quién sales».


Es algo que ha repetido durante años, en parte advertencia y en parte sabiduría. Cuando era pequeña, no lo entendía del todo, pero se quedó conmigo. Lo recordé nuevamente en segundo grado, cuando mi maestro de matemáticas, un hombre cristiano, detuvo la clase después de que uno de mis compañeros dijera que tenía novia. Nos dijo que salir con alguien estaba destinado a prepararte para el matrimonio, y que si estabas saliendo con alguien sin esa intención, estabas perdiendo su tiempo.

En ese momento, yo tenía siete años. Ninguno de nosotros sabía a qué se refería, pero creo que ahora lo entiendo. No se trataba solo del matrimonio, sino de la intención. De comprender que las personas que dejamos entrar en nuestras vidas nos conectan con familias enteras, historias y mundos más allá del nuestro.


En 2022 conocí a mi actual pareja, Joshua Sumin Baek, a la fecha (2025).



Él nació en Incheon, Corea del Sur, y creció en River Edge, Nueva Jersey. Yo nací y crecí en Tegucigalpa, Honduras. Nos conocimos en New Haven, Connecticut, un lugar que de alguna manera guarda ambas historias. Ambos somos inmigrantes, pero nuestras experiencias son distintas. La familia de Joshua vive en Nueva Jersey. La mía no. Cuando él vuelve a casa, cruza la puerta de sus padres. Cuando yo vuelvo a casa, abro WhatsApp.



Si Joshua y yo alguna vez nos casamos, como dice mi madre, significaría unir a dos familias que nunca han estado en la misma habitación, familias que quizá solo lleguen a conocerse a través de una pantalla. Sus padres conocerían a mi familia a través de una computadora portátil. Mi abuela saludaría a su familia desde miles de kilómetros de distancia. Lo que antes eran rituales físicos como estrechar manos, compartir comidas e intercambiar historias, ahora son gestos digitales.


La inmigración, la distancia y la tecnología han cambiado la forma en que existen las familias. La palabra «juntos» ya no siempre significa estar en el mismo lugar. Muchas familias hoy viven entre países, conectadas a través de videollamadas, notas de voz y fotos enviadas en chats grupales. Para muchos de nosotros, el amor se ha convertido en algo que viaja a través de pantallas y sobrevive gracias al esfuerzo. No es menos real. Simplemente está construido de otra manera.

 
 
 

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© 2025 Elisa Broche

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